Imagen del Ilusions Pool, junto al Parque de la Paz, este sábado por la tarde.

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Este sábado fue el primer día en que los trabajadores de los establecimientos hosteleros con capacidad de más de 50 personas en su interior estaban obligados a pedir el pasaporte de vacunación contra la COVID-19. Sin embargo, aún el desconocimiento es grande, y de ello se quejaban los camareros.

Así, por ejemplo, la camarera de uno de los bares que hay situados en la carretera que une Ibiza y Sant Antoni manifestó directamente que se le había «olvidado».

Mientras tanto, en Vila, en la zona del bulevar, que estaba llena de gente, tanto en las terrazas como, en menor medida, en los interiores, tampoco estaban pidiendo los certificados. Tal era el caso del bar Sandova Llum Ibiza, donde Saúl Vargas, camarero del local, explicó que, si no exigían el papel -o el pantallazo en el móvil- era porque «la situación todavía no está muy clara». Este trabajador defendía que cualquier persona podía tener un pasaporte COVID-19 y, sin embargo, faltarle alguna dosis de la vacuna. Además, ni siquiera tenía claro que el establecimiento en el que trabaja pudiera atender a más de 50 personas.

Parecida visión mostraron los camareros de algunos bares de la zona. En Es Vermell Café, la camarera resaltó que no era necesario solicitar el documento, debido a que el establecimiento no puede albergar a más de 50 personas en su interior. Muy cerca, en el bar Charlotte, la camarera afirmó que tampoco lo estaban exigiendo, porque, aunque cupieran, no había 50 personas dentro en esos momentos.

Sí lo solicitaron otros establecimientos. Por ejemplo, en un bar situado en Can Bonet aseguraron que ellos lo reclamaban y que, por lo que a ellos les constaba, muchos otros locales también lo habían reclamado.

Junto al Parque de la Paz, mismamente, el dueño del Ilusions Pool, Manuel Rubio, dijo que él sí lo había pedido a todos los clientes y que la mayoría lo llevaba encima. El también presidente del club Billar Eivissa aseguró, eso sí, que, para él, era suficiente con una foto del pasaporte en el móvil, ya que no era de su incumbencia si el certificado era falso. «Si es así, llegado el caso, que se arregle con la Policía», anotó, para acto seguido recalcar que no iba a contratar a una persona para que estuviera en la puerta específicamente controlando la veracidad del documento después de los miles de euros que ya ha perdido desde el comienzo de la pandemia.

Rubio admitió que no era un «experto en pasaporte COVID-19 ni nada por el estilo», al tiempo que recordó que tampoco tenía la posibilidad de comprobar su veracidad, pues solamente está autorizado a exigir a un cliente el DNI para certificar que es mayor de edad a la hora de venderle alcohol o tabaco.

Además, este hostelero sugirió que, para un mejor control de estos certificados, las autoridades deberían repartir dispositivos para detectar la veracidad de los documentos, así como proporcionar conexión gratuita a internet en el bar, ya que la ley no le obliga y, recalcó, ya le ha costado «mucho» la pandemia del COVID-19.