Una pareja de turistas ante la escalera de la calle Josep Picarol. | Toni Planells

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El paseo de ses Figueretes presenta un estado de poco cuidado y limpieza que empieza a despertar recelos y enfados entre los vecinos, empresarios y usuarios de la zona.

Nada más acceder por la calle Periodista Francesc Escanellas los pilones que deben impedir el paso a vehículos rodados permanecen abiertos. El resto de pilones, los que están fijos, presentan un grado de oxidación, comprensible dada su ubicación frente al mar. Tal vez no sea igual de comprensible su falta de mantenimiento.

La fuerza de las raíces de las palmeras que adornan el paseo ya está agrietando las jardineras que las contiene o levantando el firme que las rodea. En varios puntos, las placas que indican la zona de servicio de terraza (unos círculos de hierro pegados en el firme del paseo) han desaparecido. De la misma manera que lo hicieron gran parte de las placas que señalizan el carril bici antes de que se repusieran con una fijación más potente.

A la altura de la calle Formentera hay dos estructuras. Una de ellas consiste en una estructura de madera que alberga el punto de salud, con un indicador de rayos ultravioleta y un desfibrilador que nadie repuso tras ser vandalizado. La otra estructura alberga la oficina de información turística, un edificio prefabricado con forma de container. Entre la oficina de información turística y el edificio colindante, un hotel, hay un metro escaso convertido en callejón en el que se acumulan desperdicios, pese a la puerta metálica que impide el acceso. Unas escaleras frente a las dos estructuras obligan a las personas con necesidades especiales a acceder a ellas, dando un rodeo por la calle Tarragona.

En la plaza de Julià Verdera los mismos árboles que ofrecen su sombra acumulan sus restos sobre los bancos de cemento que separan la plaza de la calle del País Vasco y que sirven de lienzo a grafiteros sin talento ni civismo. Grafiteros que no mejoran su estilo a lo largo del resto del paseo hasta la zona paralela a Ramón Muntaner. El estado del paseo tampoco mejora en este tramo. Jardineras llenas de hierbas, restos de vómitos en vías de fosilización o regueros de alguna cosa que corre escaleras abajo desde la calle Josep Picarol son habituales. A lo largo del paseo no se divisa ninguna boca de riego a la que conectar una manguera con la que baldear el firme.

La pasarela de madera que recorre la costa en esta zona desaparece en un buen tramo vencida por las piedras que han sido arrastradas por el mar.

Vehículo de limpieza

El aspecto del vehículo encargado de la limpieza no es mejor que la limpieza del paseo. Tiene la matrícula encajada de cualquier manera en la parte izquierda del parachoques delantero. En la parte derecha el intermitente y la rejilla central desaparecieron en algún momento. Sin embargo, lo que llama más la atención es la caja de carga en la parte trasera del vehículo, con un orificio improvisado a cada lado al que echar la basura. Para describir el estado de limpieza del vehículo habría que usar términos demasiado escatológicos que preferimos ahorrar al lector.

En la playa una turista trata de limpiarse la arena con las duchas que no funcionan, tal como reza el cartel pegado con celo. En la arena no hay todavía hamacas, pero sí    mucha gente.

Salvatore Pizancio es el presidente de la Asociación de Comerciantes y Empresarios de Ses Figueretes. Resume con una frase la situación del paseo: «Han hecho la obra y se han olvidado de hacer el mantenimiento». Sin dejar de asumir que «las soluciones son complicadas».

«Nos hemos reunido varias veces con el Ayuntamiento-lamenta- y buscamos soluciones de manera conjunta». Sí reconoce que «falta un poco más de limpieza y de seguridad». Respecto a la seguridad, lamenta que «en Figueretes se permite que sucedan cosas que de ninguna manera se permitirían en el centro de Vila». También reclama «más eventos en esta zona, actividades que dinamicen la zona de la misma manera que se organizan en otros lugares».