Ramón Díaz, minutos antes de la entrevista conPeriódico de Ibiza y Formentera. | Daniel Espinosa

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El presidente de la Asociación de Náutica de las Pitiusas, Ramón Díaz (Jaén, 1957), asegura que este año la falta de personal cualificado es uno de los grandes problemas de este sector. Al mismo tiempo, confía en registrar una buena temporada.

—Preside la patronal desde hace años. ¿Qué balance puede hacer de todo este tiempo?

—He estado 25 años siendo vicepresidente y desde los últimos seis soy el presidente de la asociación. Por lo tanto, llevo mucho tiempo empujando al sector y tratando de ayudar.

—-Por lo tanto, habrá visto etapas y cambios de toda clase.

—Sin duda, muchísimos cambios sobre legislación y también en las empresas porque ahora todo es mucho más profesional. Así, temas de ventas o reparación ahora se llevan a cabo con una visión mucho más empresarial.

—¿Cómo era el sector de la náutica en las Pitiusas hace 25 años?

—Prácticamente, todas las empresas dependían de un único mecánico que empezó poco a poco a hacer reparaciones y, a fuerza de hacer bien su trabajo, se le fueron sumando clientes, creándose la semilla para poner en marcha una empresa. De hecho, la gran mayoría de empresas de Ibiza empezaron así. Prácticamente, era un sector al que se accedía difícilmente y la única forma era a través de la práctica y el tiempo.

—¿Qué problemáticas han ido surgiendo en estos años?

—Han salido muchas. Entre ellas, la falta de amarres o de lugares específicos en Ibiza para formarse. También, la falta de personal cualificado que, en la isla, en la actualidad es imposible encontrar. Tengo que añadir que estos dos últimos años, debido al precio de los alquileres, no vienen a trabajar, como lo hacían antes, personas de la península. El tema del personal ahora mismo es un problema bastante grande. Además, como presidente, llevo bastante tiempo reivindicando que somos la única isla en Baleares sin un centro específico para esta formación y todas las autoridades involucradas muestran buena predisposición y voluntad, pero seguimos exactamente igual que al principio, con muy buenas intenciones, pero con pocos resultados.

—Es miembro en Baleares de la Asociación Nacional de Empresas Náuticas. ¿Las problemáticas son comunes?

—Prácticamente, todos tenemos los mismos problemas, aunque Mallorca, a diferencia de Ibiza, cuenta con otros modelos de empresa y de empresarios. Mallorca tiene varaderos de gran tonelaje, algo que aquí no existe, lo que provoca que los megayates vayan a repararse a Mallorca. En Ibiza, a partir de 25 metros, se nos hacen prácticamente imposibles estas reparaciones porque no tenemos medios. Allí hay algún sector que aquí no tocamos, pero las problemáticas para todas las islas son las mismas y trabajamos de la mano para buscar los mismos resultados y superar los mismos problemas.

—A pesar de la pandemia y de la crisis derivada, su sector ha vividos unas buenas temporadas en estos últimos años.

—Fue una sorpresa grata porque el turismo náutico se demostró como seguro con el tema del Covid y nos aportó nuevos clientes que nunca habían alquilado un barco. Quien lo prueba, suele repetir porque es una sensación única. En las otras islas pasó lo mismo: el tema del chárter se disparó y, en cuanto a las reparaciones, al principio la situación estaba parada, pero creo que era por miedo y por las restricciones. Cuando la pandemia pareció controlada, empezamos a trabajar y realmente fue muy bien.

—¿Han conseguido fidelizar a los clientes que les descubrieron hace dos años?

—Sí. Este año vamos por los mismos derroteros y debemos sumar los clientes de toda la vida con todos los nuevos. Parece que el año va a ser muy positivo si nada estropea el tema económico porque parece que empiezan a aparecer signos de debilidad.

—¿Qué nos puede adelantar sobre las reservas de cara a julio o agosto?

—En años anteriores, es cierto que se reservaba con muchísima antelación. Este 2022 empezó muy fuerte el primer trimestre, pero a partir de abril las reservas se fueron ralentizando. Para la primera quincena de agosto están muy cubiertas y también parte de julio, pero para septiembre y octubre no están como esperábamos. Insisto, parece que hay muchas ganas y, al mismo tiempo, hay dudas sobre si la gente podrá permitirse más adelante venir a Ibiza y alquilar una embarcación.

—¿Todavía hay esa imagen de que alquilar un barco es algo exclusivo, reservado a unos pocos?

—Se ha demostrado que el sector del chárter es accesible a todo el mundo. Hay grupos de amigos que se juntaban varios, pagaban 150 euros cada uno, y pasaban un día maravilloso con algo que les suponía una experiencia única. Podemos decir que, al mismo nivel que está el ocio nocturno, con el mismo dinero se puede alquilar una embarcación. El año pasado lo hacían por el Covid y porque el ocio nocturno estaba cerrado y este verano parece que este tipo de cliente se mantiene. Hemos empezado un año raro, con unas curvas muy altas de reservas y después caídas muy pronunciadas y lo mismo ocurre con las ventas ya que enero, febrero y marzo han sido históricos en ventas, pero después se paró en seco para repuntar. Vamos como el mar, con olas que suben y bajan.

—¿Cómo se traduce la falta de personal en las empresas de su sector?

—Es cierto que este verano no hay patrones, ni gente de limpieza. Tampoco se encuentran aprendices que quieran ir con los mecánicos. Todas las empresas sufrimos el mismo dilema, que es la falta de personal, y muchos de los que venían y a quienes se ha llamado aseguran que, con los precios de Ibiza, les es imposible volver.

—En el puerto de Ibiza solicitan un espacio para las empresas de chárter náutico. ¿Ha habido avances?

—Sí, en la última reunión los representantes de Autoridad Portuaria reconocían que Ibiza es la única isla de Baleares sin un espacio específico para trabajar en el tema del chárter, aunque parece que están por la labor. Vamos por el buen camino y seguimos celebrando reuniones. Tanto por parte de Autoridad Portuaria como del Ayuntamiento de Ibiza están por la labor de que las empresas contemos con un sitio específico para trabajar, así como con el tema de los varaderos ya que siempre hemos reclamado que en las próximas concesiones no se eliminen o limiten metros cuadrados porque actualmente la cola de espera que hay para sacar un barco a mantenimiento es brutal. Sobrepasamos ampliamente los 60 días. Parece mentira que en una isla, en la que nos dedicamos al sector náutico en un porcentaje alto, a los clientes haya que darles ese plazo, cuando muchos acaban ya sus vacaciones. Por ello, hemos pedido que en los nuevos pliegos de condiciones se contemple un régimen abierto o un mínimo de horas en el varadero para que podamos realizar los trabajos.

—Otros años han denunciado la competencia desleal de empresas de chárter procedentes de la península.

—Alguna mejora se ha notado, aunque no mucho. Parecía que Costas o la Guardia Civil no podían hacer mucho, pero creo que ahora ha habido instrucciones específicas para que haya más controles de los fondeos. Es verdad que, por lo menos, en el inicio parece que han venido menos empresas del Levante a hacer la temporada fondeando fuera, aunque es pronto para saber si realmente en julio y agosto, que son los meses clave, vendrán o no como cada año legiones de barcos que cuentan con ventajas si lo comparamos con las empresas de aquí, puesto que más de la mitad del gasto fijo de una empresa de chárter es el amarre. Parece que ahora hay un poco más de control.

—El pasado octubre denunciaron los problemas que causaba al sector la crisis mundial de suministros.

—Seguimos igual o peor. En relación a muchos modelos de barcos, los astilleros ya te hablan de octubre y noviembre de 2023 y suena el 2024 para la entrega de barcos y de motores. Seguimos en el mismo punto que a principios de año. Quienes fueron previsores e hicieron acopio de material, podrán entregar barcos pero, los que no lo fueron, no podrán entregar nada hasta 2023 porque no hay nada en el mercado.

—El precio del carburante también les afectará.

—Por supuesto. Llenar un barco ha aumentado un 70%, con lo cual nos está afectando, sobre todo a las embarcaciones de motor y no tanto a los clientes del chárter de vela. Uno de los problemas en el chárter es que, al precio, hay que sumar ahora el coste del combustible y es una partida importante. En los puertos, además, no hay competencia y solo hay un punto o dos para repostar y los precios, con la oferta y la demanda, suben mucho más.

—¿Todavía faltan amarres en Ibiza?

—Llevamos bastantes años con esta gran carencia y se está incrementando porque todas las políticas que se están haciendo son restrictivas, sin poder ampliar o crear puertos y en los que existen, si antes se dejaba atracar en zonas como las puntas de los pantalanes, ahora está prohibido. Hay una merma importante de los pocos atraques que ya había. En Ibiza tenemos unos tres mil y pico de amarres frente a Mallorca, donde hay más de 20.000. Habiendo más turismo en Ibiza que en Menorca, existen la misma cantidad de amarres. Hay una falta brutal de amarres y la prueba está en que algunos llevan en lista de espera 20 años.