Imágenes de las ruinas de Cala Tarida. | Isaac Vaquer Ferrer

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Dos hombres aparcan un coche junto al edificio lleno de grafitis que hace esquina con la plaza del Mar de cala Tarida. El edificio, medio en ruinas, parece abandonado. En las aberturas que hacen de ventanas se ven algunas telas y trozos de gomaespuma. Los dos individuos salen del coche, cogen del maletero varias garrafas de agua y acceden a una pista de cemento anexa al edificio que en algún momento se debió usar para hacer deporte. Sobre la pista 17 colchones, algunos incluso sobre un somier y un par de tendederos plegables de plástico llenos de ropa secándose bajo un sol de justicia. Los dos individuos atraviesan la pista y se dirigen al interior del edificio, escapando del intenso calor de mediodía.

Dos de los residentes en las ruinas recogen cosas entre los colchones del patio en los que duermen.Fotos: Marcelo Sastre.

En el pleno municipal del Ayuntamiento de Sant Josep del mes de julio, este edificio en estado de abandono fue motivo de una pregunta de la concejala de Ciudadanos, Eva Ruiz, que solicitaba si el Ayuntamiento tenía prevista la demolición de esta construcción. Alertaba de que algunos vecinos habían visto movimientos sospechosos de personas que vivían en su interior.

El alcalde, Ángel Luis Guerrero, contestó que la propiedad ya tenía concedido un permiso de demolición y estaba pendiente la concesión de una licencia para una nueva construcción. Nada dijo de las personas que viven en el edificio, pero sus vecinos más inmediatos no están preocupados por su presencia.

Los vecinos

El dueño del restaurante 17 Pizza and Ring, Alfonso Russo, explica que nunca ha tenido ningún problema con la gente que vive en la edificación. «Son gente trabajadora que vienen aquí a dormir», explica. No sabe mucho de ellos, pero considera que no les interesa crear problemas porque si lo hicieran asegura que él mismo habría llamado a la policía o al Ayuntamiento.

Lo que sí lamenta es que haya gente que tenga que vivir en esas condiciones en la Isla, sin agua ni electricidad, en la carcasa de lo que fue un establecimiento de hostelería, o al menos esa es el uso que consta en el Catastro.

En la misma línea habla de ellos el responsable de seguridad del edificio Cala Sol, Ayoub Masrour. Dice que viven unas 50 o 60 personas, todos ellos trabajadores, que tienen sus coches para desplazarse a los hoteles y restaurantes en los que trabajan.

Desde su punto de vista no existe ni siquiera okupación, «no han puesto puertas ni cerraduras, si la propiedad viene a echarlos sencillamente se irán a otro sitio. No es un grupo organizado son trabajadores que han buscado un sitio en el que dormir».

Por la noche indica que suponen más problemas de incivismo los jóvenes que hacen botellón en la playa que los que duermen en esa construcción, aunque reconoce que el espacio lo tienen lleno de basura y que hay ratas «grandes como tiburones».

El farmacéutico, Antonio de Santis, explica que algunos de ellos acuden de vez en cuando a la farmacia. Tienen su tarjeta sanitaria española y pagan sus medicamentos como cualquier cliente. Muchos vienen de Galicia y de Andalucía a hacer la temporada, según deduce por su tarjeta de la Seguridad Social.

«Problema, lo que se dice problema, quizás la suciedad y la mala imagen del edificio, pero la gente no crea problemas».

Trabajadores

Uno de los dos hombres que entró al edificio con garrafas está tras una barra de bar. Por el suelo hay bicicletas y bolsas con bártulos. Al ser preguntado llama a un compañero, que sale del interior de otra estancia.

No quiere ser identificado pero no tiene problema en contestar a las preguntas de Periódico de Ibiza y Formentera. Es saharaui, licenciado en Económicas. Explica que en España no puede compulsar su título, pero no le importa. Vino a buscar trabajo, algo que no encontraba en su país.
Dice que todas las personas que viven en el complejo son trabajadores como él, que no sabe cuántos son, porque casi todos llegan por la noche para dormir y se van por la mañana a trabajar.
Ninguno de ellos ha encontrado vivienda. «Todos tenemos trabajo pero no podemos pagar un alquiler. Es mejor estar aquí que dormir en la calle», dice, aunque no dispongan de agua corriente ni electricidad. La mayoría de ellos cuenta con las instalaciones de su trabajo para las necesidades del día a día, en su caso un hotel. Allí carga el móvil, se ducha y pone la lavadora.
Vivía en Euskadi pero vino a Ibiza porque no encontraba trabajo. Llegó en junio y buscó casa, «pero no había nada y lo que había era muy caro». Dice con resignación que esta fue su única opción, que supo de ella por un conocido. Al terminar la temporada se irá y ya asume que dormirá todo el verano bajo las estrellas, sobre una pista de fútbol sala con las mejores vistas de cala Tarida.

El apunte
Isaac Vaquer Ferrer

Un proyecto de cuatro viviendas y un parque infantil

Isaac Vaquer Ferrer

La entidad propietaria del terreno ha presentado al Ayuntamiento de Sant Josep un proyecto de derribo de la actual edificación y otro para la construcción de cuatro viviendas. El proyecto incluye las respectivas dotaciones municipales y la construcción de un parque infantil. La licencia de derribo ya está otorgada mientras que la de construcción está a punto de ser concedida. El alcalde de Sant Josep, Ángel Luis Guerrero, estimó que este otoño desaparecerán esas ruinas sobre cala Tarida.