Vicent Boïll ganador premio de pintura. | Manu Gon

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El salón de plenos del Consell d’Eivissa ha sido el escenario escogido un año más para entregar este jueves por la mañana los Premis Vuit d’Agost 2022 en las categorías de pintura, artesanía del barro, fotografía, diseño gráfico e investigación.

Premio de pintura

En la primera de las categorías el galardonado ha sido el pintor valenciano afincado desde hace años en Ibiza, Vicent Boïl por su obra Bressoleig de mar de la que el jurado destacó en su día «el conocimiento del autor de las técnicas expresivas abstractas, el uso inteligente del color y el equilibrio entre la geometría y la expresividad».

Según ha explicado este jueves el propio artista a Periódico de Ibiza y Formentera y a la Televisió de Eivissa i Formentera ha tardado en torno a un mes en llevarla a cabo y, entre otras cosas, en ella ha intentado «crear un territorio bidimensional y una estructura geométrica que traslade al espectador adentro y fuera del propio cuadro».

Además, ha intentado «crear un juego visual repleto de movimiento que asemeja al que realiza el mar cuando arrastra las piedras y todo lo que lleva consigo».   

Artesanía del barro

El premio de Artesanía del Barro ha recaído este año en la ibicenca Margalida Prats, quien presentó la escultura Flores del desierto.

Una obra que, finalmente se impuso a las otras siete aspirantes de gran variedad técnica y formal por «su gran variación técnica a través de óxidos y esmaltes y por su calidad matérica realzada a través de pastas cerámicas de diferente granulometría».

Según Prats, quien decidió presentarse animada por sus compañeras artesanas, la pieza ha sido realizada durante algo más de un mes trabajando intensamente un día a la semana, todo con materiales de fabricación propia.

Además, la artista ha confesado este jueves que la inspiración iba cambiando según el día pero «que representa un desierto que aunque es muy triste siempre tiene algo de vida gracias a las flores que tiene en su parte delantera».

El premio de Artesanía del Barro ha recaído este año en Margalida Prats por Flores del desierto

Premio de Fotografía

Por su parte, Lara Carretero se ha hecho con el Premi Vuit d’Agost de Fotografía gracias a tres fotografías que han sido bautizadas con el nombre de Aceite y agua.

De ellas, los miembros del jurado destacaron «su calidad del blanco y negro, el juego de texturas, luces y sombras, y la reivindicación del patrimonio arquitectónico tradicional».

Carretero, que ya ganó el premio hace dos años, aseguró ayer que las fotografías las tomó una semana antes del cierre del plazo de presentación de obras, que las realizó en la zona de la Venda d’Atzaró, entre el Valle de Morna y Santa Eulària, justo donde hay un aljibe antiguo y muy bien conservado junto a un trull donde antiguamente se producía el aceite.

Además, se decantó por el blanco y negro «porque le resultaba más espectacular para captar la esencia del pasado que simbolizan lugares mágicos como el trull y el aljibe a pesar de que originalmente fueron tomadas al atardecer con colores también preciosos».

Premio de Diseño Gráfico

Irene López consiguió el premio en la categoría de Diseño Gráfico por una composición llamada Noche del ocho que, según el jurado, «aúna correctamente originalidad y conceptualización junto un gran equilibrio en su composición».

Su creadora, que se dedica profesionalmente al diseño gráfico desde hace más de 20 años, se confesó ayer una enamorada de su trabajo y aseguró que para ella es algo que le sale innato y de forma bastante intuitiva.

Y con respecto a la obra ganadora aseguró que la realizó hace dos meses como siempre hace con sus trabajos, «investigando sobre la tradición de la fiesta para luego simplificar al mínimo para transmitir lo máximo».

Lara Carretero se ha hecho con el Premi Vuit d’Agost de Fotografía gracias a tres fotografías que han sido bautizadas con el nombre de Aceite y agua.

Premio de Investigación

Finalmente, el Premio de Investigación ha sido para el trabajo que ha presentado el arqueólogo e investigador de origen alemán Marcus Heinrich Hermanns bajo el nombre de El patrimonio minero de las Islas Pitiusas.

En su caso el jurado ha destacado «la amplitud y la exhaustividad de la investigación, la aportación que hace a un ámbito de investigación poco documentado en las Pitiusas de manera tan científica y estructurada y por las aplicaciones que tiene dentro del ámbito educativo».

Un tema que según explicó Hermanns a este periódico «surgió a raíz de una actividad arqueológica en un yacimiento subacuático que se llevó a cabo en Sant Miquel y que le despertó la curiosidad sobre la importancia que podía tener el mercado de los metales a lo largo del tiempo en la isla de Ibiza y cual era su función dentro de las redes de comercio».

Por ello, en su trabajo ha conseguido abarcar un amplio espectro de conocimiento ya que    «habla de la importancia de la producción de cerámica, de las piedras tanto de marés como calcárea y de las salinas, tanto